Malos entendidos

Suena el despertador y él tiene que levantarse para ir a trabajar. Ella no tiene porqué hacerlo, puede quedarse un poco más en la cama remoloneando. Mientras él abre el armario para sacar la ropa que se pondrá hoy. Ella empieza a hablar del perro, sin nombrarle. Y él se siente ofendido, argumentando que no va a llegar tarde por no molestarla. Un momento de tensión que podría ir a más si uno de los dos no calma la situación. “No estoy hablando de ti si no del perro”, dice ella. Así que con un poco de cariño la situación se relaja.

Es una situación cotidiana que puede pasarnos (o ya nos ha pasado) a muchas de nosotras y que, si nos pilla de mala, se puede convertir en una discusión a las ocho de la mañana. Y no es que discutir a esa hora sea peor ni mejor, discutir sin ser constructivos es malo a todas horas. Pero empezar el día, y sobre todo un viernes teniendo el fin de semana libre, discutiendo no es la mejor opción.

Si todos pusiéramos más de nuestra parte en no crear conflictos, en no poner sobre los demás las preocupaciones que tenemos nosotros mismos el mundo sería mucho más amable. Pero parece que nos gusta discutir, hablar en voz alta. Y yo la primera, no acuso a nadie sin mirarme a mi misma. Quizás las formas, la forma de hablar o los gestos, hacen que los demás piensen que estamos enfadados cuando no es así. En ocasiones es esa situación la que provoca los malos entendidos. Así que respiremos y pensemos antes de hablar para no crear el conflicto.

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