No confundamos el hambre con las ganas de comer

Me acabo de mudar y tengo la biblioteca patas papa arriba. Entre libros, apuntes y fotocopias varias encuentro una revista Salud Alternativa, de la editoria XYZ, sin tapas y sin varias hojas, por eso no se determinar con precisión la fecha de publicación, que trata el tema del comer.

“La compulsión por la comida da cuenta de que una parte nuestra está hambrienta y no la escuchamos” leo en una página. El diccionario dice que hambriento es el que tiene mucha hambre pero en otra acepción más amplia agrega: “muy necesitado, falto, miserable “ y una tercera completa: deseoso.

Soledad, estados de prueba, pena, miedo, ansiedad, depresión, aburrimiento, tensión pero también emociones positivas como euforia y alegría, son situaciones que nos llevan a comer porque suplimos erróneamente cada uno de estos estados de ánimo por hambre. Nos falta afecto y comprensión y los reemplazamos por comida.

Es natural que esto pase. De niños la experiencia nos enseña a relacionar afectos con comida. En la niñez, la tía, la abuela nos amaban y por eso nos cocinaba. Llegar a la casa de alguno de ellos y escuchar la pregunta típca ¿Comiste querida? Papá llegaba de la oficina con un delicioso paquete de caramelos o una barra de chocolate.

De allí a comer para sentir que nos estamos llenando de afecto, cuando en rigor lo que sumamos a nuestro cuerpo son  calorías y kilos,  hay un paso. Lo ideal de todo esto -deja claro la revista en su mensaje- es tratar de saldar los deseos con coherencia y no reemplazar.

La cultura no es un dato menor para esto. Desde horarios hasta formas de comer, aprendemos desde muy temprana edad a relacionarnos de una manera determinada con la comida (¡Comé nena que hay gente que se muere de hambre! ¡Qué dijiste; te vas a la cama sin comer ahora! “A ella dale poco, come como un pajarito”, y así… 

Antes de arremeter contra la heladera, en ese segundo de lucidez, pensemos, por ejemplo, si tengo hambre porque no comí o por otra cosa; qué satisfacción estoy buscando al comer sin hambre verdadera; cuáles son los momentos o situaciones que me arrastran a comer.

Por ultimo se advierte algo sensato en la publicación. La culpa muchas veces abusa de su gran poder. No debemos culparnos por comer. Más bien tenemos que encontrar alternativas que nos ayuden a poner el foco de atención en el lugar debido, a saber más sobre lo que sentimos y más sobre nuestra manera de ver la vida. 
 

   
    
 

Leave a Reply

avatar

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.

  Subscribe  
Notify of